Mina de Coltán en el Congo (Foto: Wikipedia Commons)

El mito de una Europa verde. La externalización de los costes

Aunque protege el medio ambiente dentro de sus fronteras, la Unión Europea externaliza muchos de los costes ambientales que genera su consumo doméstico de recursos.

Por ejemplo, el consumo de un ciudadano europeo requiere más del doble de emisiones de CO2 que la media mundial.

“La unión europea se ha arrogado el papel de líder ambiental y es cierto que en mucha legislación y en propuestas políticas ha sido muy avanzada”, explica Samuel Martín-Sosa, biólogo y portavoz de Internacional de Ecologistas en Acción. Un ejemplo de ello es el reglamento REACH, que regula la aprobación de sustancias químicas en el ámbito comunitario, uno de los primeros en el mundo en incluir el llamado “principio de precaución”, según el cual cualquier indicio de que un producto pueda tener efectos negativos sobre la salud o sobre el medio ambiente es suficiente para restringirlo o prohibirlo. “Casos como este, o el papel europeo en las primeras cumbres sobre el cambio climático han contribuido a identificar a la UE como líder de la protección del medio ambiente”.

Es cierto que, aunque muchos estados no hacen los deberes, sobre el papel, la Unión Europea dispone de regulaciones pioneras en materia de medio ambiente. Aun cuando los resultados dejan mucho que desear, las emisiones de algunas sustancias contaminantes se han reducido en el territorio europeo y la red Natura 2020 de espacios protegidas crece cada año. Sin embargo, la Unión Europea no dispensa la misma consideración a los territorios que están más allá de sus fronteras. De hecho, los artículos 191 y 192 del tratado de funcionamiento de la Unión Europea, que determinan la dirección política de la cuestión medioambiental, se refieren en términos genéricos a la protección del medio ambiente en el ámbito global y a la cooperación con terceros países, pero no se refieren a la huella ecológica que las actividades europeas dejan en su actividad fuera de sus fronteras.

Demanda intensiva de recursos

La Unión Europea es importadora neta de muchas materias primas. Según un informe de la Comisión Europea, Europa importa el 42 % de su gas natural, el 56 % del carbón, el 88 % del petróleo, el 50 % del cobre, el 65% del zinc, el 85 % del estaño y el 100 % de algunos metales de alta tecnología, como el coltán (usado en la fabricación de teléfonos móviles). La extracción de dichos recursos, algunos muy intensivos en gasto energético y erosión ambiental, no computa en las estadísticas europeas y no se contabiliza como daño al medio ambiente europeo.

La degradación ambiental se produce así en el territorio productor y no en la Unión Europea, a lo que hay que añadir las emisiones de sustancias contaminantes provocadas por el transporte de dichos productos al territorio europeo. Muchos de estos países, a menudo menos desarrollados, tienen regulaciones menos exigentes que las europeas (generalmente, precisamente a causa de su condición de suministradores de recursos al viejo continente), por lo que los daños al medio ambiente se ven agravados. “Una economía rica como la europea se ha permitido externalizar aquellos pasos de la cadena de producción que son más intensivos en recursos y en energía con lo que las emisiones y los impactos sociales y ambientales se generan fuera”, resume Martín-Sosa, “de manera que haces como un oasis en tu territorio”.

Mina de Coltán en el Congo (Foto: Wikipedia Commons)
Mina de Coltán en el Congo (Foto: Wikipedia Commons)

Según estudios de la Agencia medioambiental Europea, la huella de carbono media de un ciudadano europeo es de 13,3 toneladas de CO2, más del doble que la media mundial, que es de 5,7 toneladas. Lo mismo ocurre con la cantidad de tierra que requiere cada europeo para su consumo anual, que es de 2,5 hectáreas frente a las 1,2 de la media mundial. El 31% de la tierra usada para el consumo interno europeo se encuentra fuera de Europa. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón son los principales destinos de los productos causantes de la pérdida de biodiversidad, mientras que los países en vías de desarrollo son los principales exportadores y los más afectados.

El mismo informe calcula que casi el 13% de las importaciones de madera en la Unión Europea en 2009 fueron producto de la desforestación ilegal. Añade el informe que el descenso de las emisiones de gases de efecto invernadero gracias a la reforestación simplemente ha desplazado las emisiones a otro país por el incremento de las importaciones de alimentos y madera.

“Lo que hace la Unión Europea es externalizar muchos de estos impactos, porque somos un gran importador de recursos”, concluye Martín-Sosa. “Sobre como los traemos, como se producen y que impactos ambientales generan, no se aplican los mismos criterios que dentro de nuestras fronteras”.

La Unión Europea es uno de los principales devoradores de recursos en el mundo, por encima de la media mundial en términos de consumo per cápita. Si bien es cierto que muchos de los tratados de cooperación que firma con terceros países introducen consideraciones en referencia al medio ambiente, generalmente cosméticas, la falta de mecanismos específicos de vigilancia y sanción, especialmente cuando ni siquiera se aplican dentro del territorio comunitario, facilitan la externalización de los costes medioambientales a regiones que no pueden permitirse regulaciones proteccionistas en el escenario del comercio internacional y de sus desigualdades.

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David M. Guarné

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