Kosovo se somete a la Unión Europea

Hashim Thaci, Presidente y ex Primer Ministro de Kosovo, tuvo un destacado papel en el crimen organizado de la región, según un informe de la propia Unión Europea.

El acuerdo sirve para estimular la liberalización del comercio kosovar para facilitar las operaciones de las empresas europeas en su territorio.

Hoy entra en vigor el Acuerdo de Estabilización y Asociación de la Unión Europea con Kosovo. La joven república, último eslabón de la desintegración de la antigua Yugoslavia, aspira a convertirse algún día en un estado miembro de la Unión Europea. Los Acuerdos de Estabilización y Asociación son considerados un primer paso en el camino para convertirse en candidato a la adhesión. Pero para que eso acabe ocurriendo, Kosovo debe ser reconocido como estado independiente por los países europeos que se niegan a hacerlo: España, Grecia, Eslovaquia, Rumanía y Chipre.

La Unión Europea puede, sin embargo, saltarse el complicado trámite de conseguir el consenso de los estados miembros para firmar acuerdos internacionales en virtud del tratado de Lisboa, que le permite actuar como un ente en sí misma. Para conseguirlo, el texto del acuerdo es un ejercicio de malabarismos para evitar tratar a Kosovo como a un estado a pesar de que el acuerdo, de hecho, lo hace. Lo hace incluso de forma explícita, probablemente por error, en uno de sus artículos. A pesar de la clara distinción que el acuerdo establece entre “nacionales de la UE” y “ciudadanos de Kosovo” para poder referirse a la república balcánica de forma ambigua, como si se tratara de una región sin estatus, el artículo 65 se refiere a los ciudadanos kosovares como “nacionales”. Un gol de rebote a los eurodiputados españoles, griegos, eslovacos, rumanos y chipriotas.

Con todo, estas sutilezas tampoco eran necesarias. El acuerdo trata asuntos que solo pueden ser competencia de un estado, como las políticas arancelarias o el estado de derecho. Lo que hace la Unión Europea al negociar un acuerdo como este con Kosovo es tratarlo, de facto, como un estado independiente. Ahora bien, ¿hasta qué punto tiene el país soberanía real?

Desde el año 2002, la moneda de Kosovo es el euro. El euro fue introducido en sustitución del marco alemán, la moneda de la región desde 1999, momento en el que las potencias occidentales desembarcaron en la entonces provincia serbia. La intervención de la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, y con Europa como principal partenaire, puso fin a la represión yugoslava, provocó el éxodo de 800.000 personas (entre serbios, albanokosovares y gitanos) y causó la muerte de alrededor de 2.000 civiles en Serbia y Kosovo. Además de asumir la moneda alemana (y posteriormente el euro), Kosovo quedó bajo la tutela de una administración militar aliada, materializada en la MINUK, la administración civil bajo mandato de la ONU, y la KFOR, las fuerzas armadas de la OTAN, que asumen la seguridad de la región. Por su parte, la Unión Europea tomó el poder judicial de Kosovo a través de la Misión Eulex, compuesta por policías, fiscales y jueces, con el objetivo de desarrollar el estado de derecho en la región. Las tres misiones permanecen aún hoy.

Tal es la soberanía kosovar que su entrada en el tratado de libre comercio de Europa Central (CEFTA) fue firmada por la MINUK en su nombre. Su sistema judicial se desarrolla bajo la tutela de Bruselas y su moneda se regula en Alemania. Además, Kosovo alberga hoy la mayor base militar norteamericana del continente europeo, instalada tras el conflicto, con la mirada puesta en el Mar Caspio y en Oriente Próximo. Una base, por cierto, que lleva el apellido de un sargento, James L. Bondsteel, galardonado con la medalla de honor por su actuación en Vietnam.

Camp Bondsteel, la base norteamericana en Kosovo (Foto: Wikipedia Commons)

A día de hoy, la esperanza de la economía kosovar, como la del resto de repúblicas ex yugoslavas, pasa por la integración en la Unión Europea. Y el camino a la integración exige el desmantelamiento total de su antigua economía socialista y la asunción completa de los principios del libre mercado. Un camino que ya han recorrido Eslovenia y Croacia con resultados poco estimulantes. La apertura al capital extranjero, en conjunción con las privatizaciones, un crecimiento económico basado en el crédito exterior y la pérdida de control sobre la moneda llevaron a Eslovenia, ya antes de la crisis, a un aumento de la deuda y de la dependencia de los mercados financieros internacionales. Un ex vicepresidente económico esloveno, Jože Mencinger, del Partido Demócrata Esloveno (liberal conservador), declaró: “Tenemos menos poder y somos menos independientes que en Yugoslavia. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no tenemos nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras.”

El Acuerdo de Estabilización y de Asociación es en realidad un acuerdo de liberalización del comercio. Su texto establece la gradual supresión de todas las medidas proteccionistas de la maltrecha economía kosovar y pide, literalmente, que las empresas europeas reciban exactamente el mismo trato que las empresas locales. Siete de los nueve bancos del país son extranjeros, incluyendo bancos alemanes y americanos. Los principales inversores en la región son Alemania y Reino Unido.

El acuerdo abre las puertas de Kosovo a la excedentaria y sobre subvencionada producción agrícola europea y a sus productos industriales manufacturados. La economía de Kosovo, con su deficitaria balanza comercial (exporta 300 millones de euros e importa 2.000 millones), necesita aumentar sus exportaciones. Con la mitad de su tierra cultivable, no necesita ser inundado de productos europeos baratos. Ya hay estudios que indican que Kosovo sólo puede perder con este trato. En 2010, el 43% de los ingresos del estado fueron recaudados en las fronteras, especialmente en aranceles y tasas a la importación.

Además, siguiendo las órdenes del FMI, del Banco Mundial y de la Unión Europea, Kosovo se encuentra en pleno desmantelamiento de su patrimonio público. Ya ha privatizado cerca del 90% del valor de sus activos públicos, que han ido a parar a las manos de las élites corruptas del país y de los inversores extranjeros. El actual acuerdo pone a competir a las todopoderosas empresas europeas con las más que modestas empresas locales, incluso en las adjudicaciones en concursos públicos. Uno de los incentivos que supone Kosovo para las empresas europeas es su mano de obra barata.

El acuerdo busca asegurarse también la posibilidad de hacerse con el capital inmobiliario existente en el país. Según el texto, “las filiales y sucursales de sociedades de la UE tendrán […] el derecho a adquirir y disfrutar derechos de propiedad sobre inmuebles al igual que las sociedades de Kosovo, y por lo que se refiere a los bienes públicos/bienes de interés común, los mismos derechos de que gozan las sociedades de Kosovo”. De acuerdo con el artículo 51, sociedades y ciudadanos europeos podrán adquirir bienes inmuebles sin restricciones, abriendo la puerta a la especulación inmobiliaria extranjera y a la más que posible fuga de las rentas del capital fuera del país. Porque, ¿quién va a tener el poder adquisitivo para comprar propiedades en Kosovo? Probablemente, las élites locales y los inversores extranjeros.

Aunque, en virtud del acuerdo, la Unión Europea hará concesiones similares a Kosovo, las dimensiones de la economía de ambas partes no tienen nada que ver. La economía de Kosovo, devastada por el conflicto, no puede competir en ningún frente con la europea. Con un paro de más del 30 %, continuos problemas en el suministro energético y la pérdida de soberanía sobre sus propios recursos naturales –su principal activo industrial, el complejo minero de Trepça, que otrora empleara a 20.000 yugoslavos, ahora parado y en manos de inversores extranjeros, se calcula que vale unos 10.000 millones de euros– lleva al país por el camino de convertirse en un mercado siervo de las potencias occidentales. Kosovo no exporta mucho más que metales y minerales, y su déficit comercial es más que evidente: importa siete veces más que lo que exporta. ¿A quién beneficia la liberalización?

El gobierno del país con el que la Unión Europea firma este acuerdo, aunque el texto asegure “el compromiso de las partes de respetar los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas que pertenecen a minorías y a grupos vulnerables”, goza de una legitimidad más que discutible en realidad. Hoy, Kosovo es un país étnicamente segregado, con la minoría serbia atrincherada en una región del norte. El actual gobierno ganó las elecciones con un pírrico 45% de participación, un porcentaje increíblemente bajo para un pueblo al que la independencia, declarada hace menos de una década, le ha costado tanta sangre. Y Su actual presidente, Hashim Thaci, que también fue primer ministro, tiene poco de activista por los derechos humanos.

De acuerdo con informes del propio Consejo de Europa, Thaci, ex líder del ELK, organización catalogada como terrorista con la que colaboraron los aliados occidentales –incluyendo el entrenamiento por parte de Alemania, Turquía y Afganistán– para combatir al régimen de Milosevic, es uno de los hombres clave de la mafia albanesa y se le atribuyen crímenes de guerra, asesinatos, tráfico de drogas y tráfico de órganos. Después del conflicto, más de 800 personas (entre serbios y gitanos) han desaparecido o han sido asesinadas en Kosovo, y durante la pertenencia de Thaci al ELK su organización fue responsable de limpiezas étnicas llevadas a cabo contra serbios, gitanos y albanokosovares disidentes.

El informe, que considera disponer de evidencias más que suficientes para corroborar estas acusaciones, no ha sido un obstáculo para que la Unión Europea llegue a un acuerdo con el Estado que él representa. El documento destaca, además, que existen vínculos documentados entre autoridades del gobierno kosovar y el crimen organizado. Ramush Haradinaj, que también fue líder del ELK y primer ministro de Kosovo, fue absuelto de sus cargos por crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia en un proceso plagado de acusaciones de intimidación de testigos.

Catherine Ashton, junto a Hashim Thaci. Entre ambos, el ministro de exteriores serbio, visiblemente incómodo (Foto: Wikipedia Commons)

En estas condiciones, Kosovo renuncia a la poca soberanía que le quedaba para, literalmente, asumir el marco normativo europeo en materia de comercio en contra de sus propios intereses. Kosovo deberá seguir privatizando sus activos públicos para venderlos a empresas extranjeras y suprimirá las medidas proteccionistas que son uno de los pilares de la financiación del estado y que a día de hoy evitan el desmoronamiento total de su balanza comercial, además de poner su capital inmobiliario y sus recursos naturales a merced del capitalismo global. Como contrapartida, Kosovo ganará un bonito estado de derecho, representado por uno de los principales capos de la mafia balcánica.

Los hombres de negro nunca descansan.

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David M. Guarné

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